Reportajes Dragon Ball: la simbiosis perfecta entre anime y videojuegos

Dragon Ball: la simbiosis perfecta entre anime y videojuegos

Lo de Dragon Ball es una auténtica locura en el mundo de los videojuegos, y de la cultura en general. El clásico de Akira Toriyama, lejos de caer en la irrelevancia o en el olvido con el paso del tiempo -recordemos, tiene ya casi cuarenta años-, está viviendo una segunda juventud. Es así, en parte, por la fuerza de la nostalgia, siendo, como es, uno de los ejes fundamentales de la infancia de tantos niños y niñas en todo el mundo; en el caso gallego, pocas cosas definieron más la ideosincrasia de la generación Xabarín Club que cantar a todo pulmón los openings o maldecir a Freezer. Y también por los acontecimientos de esta última década, con el nacimiento de una nueva serie, Super, que está manteniendo grandes niveles de audiencia, y con la creación de tres películas que se convirtieron en grandes éxitos comerciales e incluso de crítica.

Respecto al mundo de las consolas, lo cierto es que Dragon Ball es una de las franquicias más prolíficas de la historia, por lo menos en lo que se refiere a adaptaciones de obras de otros medios, con más de cien títulos -se dice pronto- a sus espaldas y más de cuarenta millones de copias vendidas. Las aventuras de Goku y el resto de los legendarios guerreros saiyan encontraron en el videojuego un vehículo perfecto para su expansión y representación, haciendo que muchos de nosotros nos relacionáramos tanto o más con la mitología de Toriyama a través de un joystick que con la propia serie, como explica David Jaumandreu, desarrollador español autor del ensayo Dragon Ball: Los videojuegos de una generación (I). Y además, sirvieron como punta de lanza para el videojuego manganime, facilitando que otras obras como Naruto, One Piece o mismo Attack on Titan en la actualidad gocen de una buena cantidad de títulos. Pero… ¿a qué se debe este fenómeno?

Los mundos de Toriyama en el videojuego

La relación de Akira Toriyama con el videojuego viene de muy atrás. Comenzó, como su andanza en el manga, en la década de los 80, cuando Yuji Horii, desarrollador de videojuegos en Chumsoft, le encargó en 1986 el diseño artístico y de los personajes de su nuevo videojuego: el primer Dragon Quest. Desde aquel entonces, y sumando a este tándem al compositor Koichi Sugiyama, todos los juegos principales de la saga tendrían la estos hombres como principales creadores.

El dibujo de los personajes de Dragon Quest (en este caso el III) deja bien claro su parecido con los protagonistas de Dragon Ball.

Por lo tanto, no extraña que el trato que ha recibido Dragon Ball sea especial dentro de la industria. En primer lugar, por el propio amor y devoción que despertó en distintas generaciones, y la influencia que tuvo para posteriores mangas y animes -o incluso videojuegos-. Y en segundo lugar, porque al estar tan conectado con el propio mundo de los videojuegos, es lógico pensar que el mangaka japonés concedió cierta importancia -y sobre todo facilidad- a las adaptaciones y experimentos en consolas, que fueron creciendo conforme iba evolucionando el anime.

De este modo, el primer juego en narrar las aventuras de Goku y compañía vio la luz también en el año 86, cuando el manga apenas contaba con dos años de vida, lo que demuestra la precoz relación entre ambos ámbitos. Fue Dragon Ball: Dragon Daihikyō, una verdadera pieza de coleccionista en la actualidad, pues fue lanzado para la Super Cassete Vision, una consola exclusiva de Japón que es muy complicada de encontrar hoy en día. En él, controlamos a un Goku niño subido a su nube Kinton que va disparando y golpeando a sus enemigos. Tan sencillo como eso. A partir de ahí, con las consecuentes mejoras de los aspectos técnicos y gráficos en consolas, los títulos fueron evolucionando con los años más y más hasta ofrecer representaciones más que dignas del anime.

Sin embargo, los números masivos de ventas nos obligan a hacer otra reflexión. El nexo manganime-videojuego, o Dragon Ball-videojuego en este caso, funciona tan bien por una serie de cuestiones que van desde lo cultural a lo comercial. En primer lugar, el más obvio: venden por la relevancia cultural del propio anime, que es un gigante en su contexto. Del mismo modo que los juegos de Star Wars o El Señor de los Anillos, que también son sagas archiconocidas, un juego de Dragon Ball siempre va a tener buenas ventas por la gran legión de fans que tiene. Además, ambos públicos, los del manga-anime y videojuegos, suelen tener intereses/gustos comunes, por lo que la hibridación de ámbitos tiene mucho sentido en lo económico. Pero también en lo cultural: los mangas shonen, tan repletos de acción, es muy sencillo que den como resultado juegos buenos y entretenidos, y la animación está estrechamente ligada al videojuego desde siempre, lo que facilita las cosas a la hora de escoger qué historias adaptar.

Por lo tanto, con un catálogo tan variado y extenso, y tan repartido por diferentes consolas con características heterogéneas, lo cierto es que, además, encuadrar los videojuegos de Dragon Ball en un solo género, el de las peleas, es imposible. Los hay de todos los tipos y colores. Desde el puro arcade y acción al rol, pasando por el beat em up o la aventura gráfica. Y menos sentido tiene aún tratar de analizarlos todos. Pero hay algunos que merecen una especial mención.

Los siete juegos del dragón 

Captura de Budokai Tenkaichi 3, el juego más querido por los fans.

Concretamente, me gustaría hablar de siete; como siete son, maravillosa casualidad, los bolas del dragón. El primero de ellos, en estricto sentido cronológico, es Super Butoden 2 (1993), un viejo clásico de la SNES que bien puede considerarse el modelo canónico de videojuego de Dragon Ball, en el que las peleas son el elemento estructural básico. Todo un éxito en su momento, gracias a sus espectaculares gráficos -pensemos en el resto de juegos de la época- , abrió las puertas de la saga al videojuego mainstream, que vería en el nuevo siglo su esplendor.

El mejor ejemplo de eso lo tenemos en el segundo juego a destacar, Budokai Tenkaichi 3 (2007); seguro que a más de uno y de una ya se le están saltando las lágrimas de la nostalgia. Heredero de una larga de tradición de clásicos de PS2, lo cierto es que este título, con su premisa más arcade y desenfadada, su increíble nivel de destrucción en los combates y su enorme cantidad de personajes, fue uno de los que más nos hizo sentir en la piel de los saiyans. También es uno de los más amados y extrañados hoy en día; y uno de los más fieles al manga, cuanto menos en el sentido estético, con sus gráficos en cell- shading tan característicos, que parecen recién sacados del cómic.

Muy distintos, pero no menos valiosos, son los Origins (2008) de NintendoDS, una aproximación mucho más rolera que solo cubre los eventos de la primera parte del anime. Al estilo de obras como los Dragon Quest o los Legend of Zelda de esa misma consola – Phantom Hourglass y Spirit Tracks-, Origins se define por el uso de sistemas como las plataformas y la exploración del mapa, con un espíritu aventurero mucho más marcado. Todavía mucho más apegadas al rol podemos encontrar rarezas como Fusions (2016), con un sistema de combate por turnos y subida de nivel que recuerda a Final Fantasy, o como Heroes: World Mission, que se basa en un sistema de cartas al más puro estilo Yu- Gi-Oh! o Magic.

A veces la innovación no viene tanto por la forma, y sí por la trama. Es el caso de la saga Xenoverse, y más concretamente en su segunda parte, de 2017, donde es introducido -o más bien expandido- el concepto de los viajes temporales. De este modo, el jugador/a controla a un guardián del tiempo que debe luchar junto a los héroes para conseguir arreglar las líneas temporales, dando vida a una historia que parece más un fan fiction, en el mejor de los sentidos, que una adaptación en sí.

Los increíbles gráficos de Fighterz le dan un toque de aire fresco al género.

Con todo, el clásico siempre vuelve y triunfa. Que se lo digan si no a los creadores de Fighterz (2018), que ofrecieron una de las versiones más brutales -tanto en el apartado gráfico como en el jugable- de las peleas de Goku, Vegeta y compañía, revitalizando el clásico género de peleas arcade en dos dimensiones que tan bien funciona en sagas como Tekken, Street Fighter o Mortal Kombat, con la espectacularidad añadida de los superhéroes de Injustice.

Y por último, y más reciente, Kakarot (2020), una síntesis de la acción anteriormente vista con toques importantes de rol, como un mundo semi-abierto -al estilo del de Dragon Quest XI, por ejemplo- que enfatiza más la exploración y la narrativa que el combate. Desarrollado por CyberConnect2, la misma compañía que hizo en su momento la famosa saga Naruto Ultimate Ninja Storm, es el último ejemplo de que este matrimonio Dragon Ball-videojuegos tiene mucho por decir en un futuro. Fans de Toriyama, no os preocupéis: todavía quedan muchas ondas vitales por lanzar.

Jorge Riveiro

Xornalista en proceso. Penso, logo escribo. Spoiler: a maioría de veces sáeme mal.