Actualidad En perspectiva :: Tres juegos que bien valen una década

En perspectiva :: Tres juegos que bien valen una década

La de los 2010 fue la década en la que la industria de los videojuegos logró convertirse en la líder del entretenimiento. Fueron diez años en los que la séptima generación dio sus últimos pasos y la octava floreció para dejarnos grandes hitos de la ingeniería en forma de consolas y títulos. Muchos fueron los juegos que -al igual que en anteriores decenios- dejaron huella y se hicieron notar en un mercado cada vez más abarrotado. Pero, entre toda la marea de videojuegos que salieron a la palestra en estos últimos diez años, tres dejaron un mayor impacto en la industria y en los jugadores, cambiando para siempre las reglas del juego.

Dark Souls

El 22 de septiembre de 2011 veía la luz Dark Souls, sucesor espiritual del poco exitoso Demon Souls, obra del estudio japonés From Software y dirigido por  Hidetaka Miyazaki. A priori, parecía sencillo: un RPG de acción en tiempo real en el que el jugador debe progresar a través de un mundo abierto matando criaturas con su espada. Pero no había que echarle muchas horas para darse cuenta de que las apariencias engañaban. La simpleza de su sistema de combate contrasta con la envergadura y poderío de los monstruos que hay que superar. De este modo, la habilidad del jugador es el centro sobre el que  pivota la experiencia de Dark Souls. Es un continuo ensayo y error en el que la muerte es una mecánica más, necesaria para aprender a contrarrestar los ataques de los grandes y numerosos bosses a los que hay que hacer frente. Manejar la barra de stamina, saber cuándo atacar y cuándo defender, racionar los pocos recursos de recuperación de vida que ofrece el videojuego… En definitiva, practicar y mejorar (‘git gud‘) es lo único que ayudará a progresar en el título de From Software.

Las hogueras son el único punto seguro en Dark Souls.

Dark Souls  aportó un enfoque radicalmente diferente al estándar de la industria, en especial, al de los juegos Triple A, en los que suele ser primordial la accesibilidad, por lo que “llevan de la mano” al jugador diluyendo así la sensación de realización que este pueda sentir al superar los retos propuestos por los desarrolladores. Esto no pasó desapercibido y, a medida que Dark Souls crecía en popularidad, la franquicia pasó a ser el videojuego difícil por antonomasia, hasta el punto en el que la prensa especializada comenzó -medio en broma, medio en serio- a comparar cualquier otro título con este cuando presentaba una dificultad superior a la media. Fue célebre, por ejemplo, el caso del remake de la trilogía Crash Bandicoot. Incluso podría decirse que volvió a introducir en el mainstream esta tendencia, pues desde su salida no fueron pocos los jugadores que reclamaban retos que los habían desafiado mucho más que el Triple A medio.

En este sentido, el gameplay de Dark Souls (ataques cuerpo a cuerpo  mapeados en los botones traseros para tener control absoluto de la cámara mientras se combate) se convirtió en uno de los estándares de la industria y muchas franquicias se adaptaron a este –God Of War, Star Wars, Assassin’s Creed– con muy buen resultado. La obra de Hidetaka Miyazaki llegó a definir –y dar nombre– a uno nuevo género: souls-like. Ya son muchos los desarrolladores que trataron de replicar esta fórmula, algunos con más éxito que otros; pero lo que queda claro es que el juego de From Software fue uno de los más influyentes de la pasada década. Y quién sabe si de la siguiente.

Minecraft

En octubre de 2011, el estudio independiente  Mojang lanzaba la versión definitiva del Minecraft, un innovador videojuego que es un sandbox en su definición más literal: un espacio de juego libre e inmenso en el que el único límite es la creatividad. Su estética (construcción de bloques) apela a los más pequeños de la casa y hace que la experiencia sea fácil de comprender e intuitiva.

La imaginación es el único límite en Minecraft.

Este título terminó por convertirse en una poderosísima herramienta de aprendizaje, tanto para los más pequeños cómo para los mayores gracias a su ilimitada capacidad de personalización. Por ejemplo, es extremadamente útil para enseñar electrónica básica, pues permite crear circuitos mediante sus materiales de construcción. También es una plataforma ideal para contar historias a través de un medio que llama muchísimo la atención a los niños. En definitiva, Minecraft abrió el camino (junto a los serious games) para la utilización de los videojuegos en el ámbito educativo. Por no hablar del papel que juega, en este aspecto, con las personas dentro del espectro autista o con dificultades para aprender con normalidad. Esta herramienta tan visual y creativa ayuda tanto a comunicarse con ellas como a que puedan expresarse con mayor facilidad.

También fue pionero en la propia industria. Dos años antes del lanzamiento oficial, su creador, Markus ‘Notch’ Persson, sacó al mercado versiones de prueba para ir obteniendo feedback de los jugadores, con la promesa de darles la versión final de forma gratuita a los que lo habían apoyado de esta forma. Fue el nacimiento de la práctica que hoy conocemos como early access, que hoy es prácticamente el modo habitual de los estudios independientes de lanzar videojuegos en  PC.

Con su éxito, Minecraft inspiró a muchos pequeños desarrolladores para tratar de salir al mercado con sus productos. El pequeño gran juego de Mojang fue la semilla del ingente mercado de videojuegos independientes del que disfrutamos hoy en día. Porque, además, también fue uno de los títulos –junto a Amnesia o CS:GO– que se hicieron muy populares en la era temprana de los gameplays y streamings de videojuegos. Esta fue –y sigue siendo– la ventana al mundo de incontables títulos indies que terminaron por convertirse en fenómenos mundiales. Untitled  Goose  Game, juego del año pasado, da buena cuenta de esto.

Nadie esperaba que un juego no competitivo como Minecraft llegara a ser un fenómeno mundial. Niños y no tan niños confluyen en el vasto universo del juego de Mojang para, simplemente, dejar fluir su creatividad y divertirse creando. Además, sus poderosas herramientas de creación hacen que sea posible construir juegos dentro del juego. No hay una sola manera de jugar a Minecraft, hay incontables. Y, pese a que lleve ya más de diez años en funcionamiento, sigue siendo uno de los juegos más populares del mundo.

Fortnite

Poco queda que decir del título de Epic Games que no se haya dicho ya. Con más de 250 millones de usuarios inscritos, Fortnite sigue acaparando la atención de jugadores y crítica gracias a sus continuas actualizaciones. Se trata de un battle royale en el que 100 usuarios entran en una isla y deben luchar hasta que solo quede uno mientras el terreno va reduciéndose poco a poco para evitar que las partidas se eternicen y los jugadores opten por estrategias alternativas a esconderse en un extremo del mapa.

Una de las razones de su éxito, aparte de la estética cartoon que huye de toda violencia gráfica para intentar que sea apto para todos los públicos, es su naturaleza free to play, esto es, completamente gratuito. Además, hoy en día, podemos encontrar Fortnite en todo tipo de dispositivos, incluidos  móviles y  tablets Android e iOS. Sin embargo, a pesar de su gratuidad, se calcula que el 70% de sus jugadores gastan dinero, un promedio de 84 dólares por usuario. ¿Cómo es posible esto? Pues gracias a su ingenioso sistema de microtransacciones. Lo único que ofertan en su tienda son skins de personajes o armas y los ya famosos emotes, es decir, elementos cosméticos que no afectan a la jugabilidad en ningún aspecto. ¿Y dónde está el ingenio? Pues en que la mayoría de ellos sólo están disponibles por un tiempo limitado. Si te gusta, tienes que pasar por caja antes de que desaparezca.

En Fortnite, puedes afrontar el reto solo o en un grupo de cuatro.

Esta no fue su única contribución a la industria. Epic Games puso el cross-play en el centro del debate cuando anunciaba su expansión a distintas plataformas, como Nintendo Switch, y logró, tras su negativa inicial, que Sony cediese ante las presiones de millones de jugadores. Gracias a este movimiento, el cross-play es cada día más normal en los videojuegos masivos y la excusa de las limitaciones tecnológicas ya no vale. Jugar con los amigos ahora es un poco más fácil gracias al éxito de Fortnite.

Aunque no fue el primer battle royale, es innegable que el título de Epic fue lo que popularizó el género. Su amistosa y divertida estética y la sencillez y atractivo de sus partidas contribuyeron a que ascendiese rápidamente como el videojuego más visto en plataformas como Youtube o Twitch, en las que sigue siendo, tres años después, uno de los más seguidos, además de una inspiración para los gigantes de la industria. Call Of Duty y Battlefield fueron las primeras franquicias en subirse a la moda implementando modos de battle royale en sus entregas. EA y Respawn respondieron en 2019 con Apex Legends, que hoy en día cuenta con unos 70 millones de usuarios, lejos del título de Epic, pero en una cómoda segunda posición.

Lo que queda claro es que el battle royale llegó a la industria para quedarse y que todos los desarrolladores siguen cada paso que da Epic Games con su juego estrella. El juego online de esta década estará, sin lugar a duda, influenciado por lo que haga Fortnite. Y nosotros seguiremos preguntándonos en cada E3 cuál de nuestras franquicias favoritas anunciará una secuela o un  spin-off situado en una isla desierta con 100 jugadores luchando por sobrevivir.

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Sergio Fernández

Obsesionado co das consoliñas dende que me regalaron a PS2. Moi de Kingdom Hearts e de David Cage. Cando non estou cos videoxogos, podes atoparme escoitando música ou vendo series.