Análisis Koral: un viaje por lo desconocido para despertar conciencias

Koral: un viaje por lo desconocido para despertar conciencias

El ser humano es una especie capaz de lo peor o de lo mejor, una dualidad que nos define como individuos. En muchas ocasiones ponemos nuestro ego, nuestro bienestar, nuestra satisfacción por encima de la del vecino y de la nuestro entorno. Vivimos en un sistema económico y social que disminuye nuestra capacidad de empatizar y duerme nuestras conciencias. Poseemos una moral que nos hace apartar la vista cuando nos ponen delante las consecuencias de nuestras acciones, o que nos lleva a buscar una justificación que nos sirva para limpiar nuestra conciencia. Eso es lo que subyace en Koral, el egocentrismo que nos está conduciendo, poco a poco, a matar nuestro hábitat y el de los que nos rodean, de aquellos que no se pueden defender de lo que les estamos haciendo.

Los problemas derivados de la contaminación, de la sobrepesca o del cambio climático no son culpa exclusiva de cada uno de nosotros, ya que son los gobiernos los que, en primera instancia, tienen que adoptar medidas para solucionarlo, pero no podemos seguir negando nuestra responsabilidad individual porque, de formas imperceptibles (y no tanto), lo que hacemos en nuestra vida diaria repercute en nuestro planeta. Las advertencias que nos está mandando la Tierra está ahí y llevamos mucho tiempo ignorándolas, por eso son necesarios los juegos como Koral. Juegos que tengan un mensaje, juegos que eduquen y que quieran despertar conciencias.

Simpleza para transmitir un mensaje concienciador

Koral es un viaje por el fondo marino.

La jugabilidad que nos proporciona Koral es muy sencilla: utilizando solo el joystick, debemos enfrentarnos a una serie de puzzles que se van repitiendo a lo largo del juego, ampliando un poco la mecánica base, pero sin aportar grandes novedades al conjunto. A medida que vamos avanzando se van sumando nuevas formas de movilidad y estructuras que podemos desplazar para pasar por cada uno de los 15 biomas que componen los niveles del juego. Esto supone que no existen grandes variaciones jugables a lo largo del título, sino que se dedica a hacer que juguemos con el entorno, con lo aprendido en las primeras fases, aumentando un poco la complejidad de los puzzles pero sin que en ningún momento rompa la experiencia de juego o nos resulte frustrante.

Que un juego posea mecánicas simples y repetitivas puede sonar como algo negativo, pero este no es el caso de Koral. La fluidez de movimiento, el control, la ambientación y la duración del título van en pos de tu inmersión, por lo que el reto se diluye por completo, pasando a un segundo plano y haciendo que el tiempo que pasamos metidos en el mar pase volando. Koral hace que entendamos que de lo que debemos disfrutar es de la ambientación y que en lo que debemos pensar es en el mensaje que nos está dejando, no en su profundidad jugable.

Una carta de amor para el mar

Nuestra misión es la de repoblar el fondo marino para volver a dotarlo de vida, luz y color. Para ello, tenemos que ir recogiendo las distintas esferas repartidas por los escenarios que nos sirven para devolver la vida a los arrecifes de coral, destruyendo así las barreras de contaminación que impiden que avancemos en nuestro viaje. Mientras juegas y vas recuperando la vitalidad de los distintos biomas, convives con el deseo de que en la vida real fuese todo tan sencillo como lo que se nos formula en Koral. Que todo fuese tan simple como darnos un paseo por los océanos esparciendo semillas y repoblando todo lo que hemos matado a lo largo del último siglo. Ese es el gran punto fuerte de este juego: su capacidad para transmitirnos sentimientos, pasión por el mar, que seamos capaces de pararnos a observar su belleza y de compartir el amor que los responsables del juego sienten por los océanos.

Koral es una cara de amor al mar pero, ante todo, Koral es aprendizaje. Repartidas por todo el escenario, y muy fácilmente localizables, tenemos piezas de información sobre la situación que se está viviendo en nuestros mares y océanos. Contaminación, pesca con dinamita, residuos nucleares, vertidos químicos, etc. Pero al mismo tiempo que se nos pone al día de lo que sucede en el fondo marino, se nos da un mensaje de esperanza: hay algo muy bonito por lo que luchar y que debemos salvar. Esto se transmite muy bien a través del aspecto audiovisual que, combinado con el jugable, hace que algo se despierte dentro de nosotros, un ápice de conciencia que nos invita a reflexionar sobre nuestra influencia en lo que está pasando en el planeta.

Koral nos permite visitar el fondo marino y contemplar su belleza.

Dos horas de viaje por los arrecifes de coral

Koral es un juego que te pide que lo vuelvas a recorrer. Todo el apartado técnico se conjunta a la perfección con el jugable para ofrecernos un título muy coherente y cohesionado, una pequeña joya del diseño de videojuegos que merece la pena tener entre las manos. Dos horas es lo que dura la primera vuelta, por no son dos horas las que queremos perdernos en las profundidades del mar. Siempre nos podemos dejar cosas atrás para así tener la excusa de querer darle otro repaso, aunque no nos haga falta ninguna para volver a sumergirnos en el océano y traer de nuevo la biodiversidad al fondo marino.

Todos los elementos que componen su aspecto audiovisual juegan en favor de esta inmersión. Por una parte, tenemos un apartado sonoro muy sutil que casi pasa desapercibido pero juega en favor de que parezca que, de verdad, estamos dentro del mar. Mención aparte merece la paleta de colores escogida para el diseño de escenarios y personajes y el uso que se le da a lo largo de nuestro paso por los distintos biomas. Ambientes, plantas y animales se vuelven tremendamente coloridos después de que les devuelvas la vida a tu paso por los distintos escenarios.

El aspecto audiovisual de Koral es su principal atractivo.

Del desconocimiento al abuso

Aunque el mar siempre tenga el mismo aspecto, el daño que le estamos infringiendo es gigantesco. Hoy en día los arrecifes de coral, las consideradas selvas tropicales submarinas, ocupan la mitad del terreno que ocupaban hace sesenta años. No somos plenamente conscientes de que estamos arrasando con la diversidad de los océanos y de que tenemos que asumir nuestra parte de culpa, por mínima que sea.

Son pocas las cosas que sabemos sobre los océanos y los mares a pesar de que la mayor parte de nuestro planeta está compuesto por ellos. Una de las píldoras de información que podemos recoger en nuestro viaje por los arrecifes coralinos dice que «sabemos más de lo que hay fuera de la Tierra que de lo que hay en las profundidades de los mares». A lo mejor es ese desconocimiento lo que nos lleva a abusar o a ignorar los efectos de nuestras acciones. Los videojuegos son un gran medio para divulgar y concienciar a cerca de la realidad y, como cualquier otra expresión artística, tienen mensaje y tienen una agenda, así que por lo menos vamos a estar de parte de aquello que redunde en un beneficio colectivo.

8

Lo mejor

  • Control muy fluído
  • Visualmente resulta muy atractivo
  • Se trata de un juego con mensaje y conciencia
  • Invita a la rejugabilidad

Lo peor

  • Podría haberse ampliado y mejorado el concepto del juego
  • Precisa un ápice más de variedad en los puzzles
Esteban Canle

Colaborador de Morcego. Gústame falar, ler e escribir sobre videoxogos.