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Opinión :: El odio incesante

Aviso: este artículo hace mención a sucesos de abuso sexual, violación y suicidio.

 

Estos últimos días están siendo un huracán de emociones para muchas personas implicadas con el mundo del videojuego. Es un medio convulso, sometido a continuos debates sobre todo tipo de temas de diversa índole y relevancia.

En el último año se ha hablado mucho de las condiciones laborales de los creadores que trabajan para hacer posibles nuestras aventuras preferidas, y que en muchos casos rozan la explotación laboral en lo que se ha dado en llamar crunch. También de la aproximación a la violencia que se hace en entornos virtuales, y de si puede o no llegar a fomentar la violencia en el mundo real. Se ha debatido también sobre adicción, y de como algunas mecánicas de títulos muy conocidos difrazan bajo una capa de de diversión y recompensas inocentes una voluntad por hacer que el usuario gaste dinero real en apuestas dentro del juego.

Y sin embargo, siempre hay margen para que los problemas crezcan.

Un acto valiente

Todo comenzó el viernes 23 de agosto, con unos mensajes de Twitter publicados por la desarrolladora y diseñadora Nathalie Lawhead. En ellos contaba que había cometido el error de buscar el nombre de su violador en la red social, y ver como todo el mundo alababa constantemente su trabajo le resultaba devastador. También dejaba caer, entre otras cosas, que se trataba de alguien poderoso, capaz de destruir la carrera de cualquiera que hablase en su contra.

Uno de los tweets que desencadenó los acontecimientos.

La cosa quedó así en el momento. Pero dos días más tarde, el lunes 26 de agosto, Nathalie volvía de nuevo a hablar del acoso sexual que había sufrido. Esta vez, en un largo texto en el que revelaba el nombre de su presunto violador: Jeremy Soule, un galardonado compositor de música que trabajó en muchas bandas sonoras de videojuegos: Secret of Evermore, Icewind Dale, Guild Wars y varios títulos de la saga The Elder Scrolls, entre otras.

Además, Nathalie también contó con detalle las dificultades laborales y emocionales con las que se encontró de pronto cuando intentó cortar todo contacto y alejarse de Soule, y el largo y devastador proceso por el que pasó hasta conseguir salir adelante y volver a recuperar la estabilidad y la confianza en sí misma.

Pero eso no fue todo: a medida que esta entrada en su blog ganaba repercusión en redes sociales, la cantante Aeralie Brighton también declaró haber sufrido abusos por parte del compositor. Y la cadena continuó, convirtiéndose en un equivalente al movimiento #MeToo de la industria del videojuego, a medida que cada vez más mujeres encontraban la fuerza necesaria para añadir varios nombres a la lista de presuntos depredadores alrededor del ocio electrónico.

El empujón que muchas necesitaban

Zoë Quinn, desarrolladora que saltó a la escena pública como una de las primeras víctimas del infame GamerGate cuando estalló en 2014, relató el terror sufrido a manos de Alec Holowka, miembro del equipo creador de A Night In The Woods, y fue rápidamente apoyada por los testimonios de varias otras mujeres. Meh Jayanth y Olivia Wood, ambas escritoras, arropadas por las diseñadoras narrativas Leigh Alexander y Emily Short, sacaron a relucir los comportamientos nocivos de Alexis Kennedy (Cultist Simulator, Sunless Sea). Adelaide Gardner, diseñadora de juegos de mesa, denunció malos tratos por parte de Luc Shelton (Gears of War 4). Mina Vanir (especialista en comunicación de Black Forest Games) rescató una conversación que ya había hecho pública en 2018 tras un encuentro traumático con Vlad Micu (gerente de VGVisionary); así como Carrie Witt  (directora creativa en Owlchemy Labs) denunció a Marc Ten Bosch, desarrollador indie, como causante de que raramente acuda a eventos de videojuegos tras varios días de tensión esquivando sus intentos de contacto inapropiado.

Los nombres de supuestos agresores continuaron surgiendo, días después. Ben Judd. Michael Anthonov. Alex Lifschitz. Taylor Freeman. Y muchos otros, que seguro que continuarán saliendo. ¿Demasiados? Si. ¿Suficientes? No. Por desgracia, no será suficiente hasta que no quede ningún acosador en la sombra.

Pero eso no es todo. Recordad: los problemas crecen.

Una amarga noticia

El 31 de agosto aparecía en Twitter un triste mensaje escrito por Eileen Mary Holowka. La hermana de Alec Holowka confirmaba su muerte, pocos días después de que se hiciesen públicas las acusaciones de maltrato. En el mismo texto,mostraba su apoyo hacia todas las víctimas de acoso y personas con enfermedades mentales, y aducía que su propio hermano también había sufrido abusos y desórdenes de personalidad. Aunque no negaba el daño que Alec había causado en el pasado, también destacaba que en los últimos años mediante terapia y medicación estaba consiguiendo librarse de su oscuridad, y viviendo por fin de forma calmada, feliz y positiva. Por último, pedía respeto para el dolor de su familia y animaba a cualquiera que estuviese atravesando una situación sombría a pedir ayuda.

Hago aquí un inciso para mencionar que, desgraciadamente, no todo el mundo comparte esa idea de Alec Holowka como hombre que hizo cosas terribles pero estaba intentando redimirse. Scott Benson, uno de los co-creadores de A Night In The Woods, publicó recientemente un extenso artículo en el que cuenta sus experiencias con el programador. En él deja una imagen mucho más amarga de su ex-compañero, hablando de como estos días descubrió que constantemente repetía los mismos patrones de abuso cambiando de víctimas. Mencionó que aunque era un genio en su trabajo, eso nunca va a compensar todas las personas marcadas por el dolor que fue dejando a su paso. Derek Yu, desarrollador de Spelunky y Aquaria (juego este último en el que trabajó junto a Alec) difundió las declaraciones de Benson, con las que dijo compartir sentimientos.

Conviene añadir que, incluso ante eventos así, no todo es blanco o negro. Algunas personas simplemente manifestaron su dolor, ya que para ellas Alec fue un amigo. Aún así, recalco que las personas afectadas siempre respetaron los testimonios de las afectadas. Y, por supuesto, el suicidio de una persona es algo terrible, y no creo que fuese el resultado que nadie desease sinceramente.

Carroñeros de la desgracia ajena

Volviendo al hilo de los acontecimientos, poco después Eileen hacía un comentario sobre su declaración anterior. Afirmaba que Alec dijo específicamente que deseaba lo mejor para Zoë, y que no se usase su pena como excusa para atacar a nadie. Al contrario, animaba a la gente a cuidarse los unos a los otros. He de añadir que Eileen Mary es la autora de circuits, un juego narrativo en Twine que explora precisamente las ramificaciones derivadas del acoso sexual.

Escribir el primer mensaje tuvo que ser dificilísimo. Tener que hacer esta aclaración encima no creo que fuese menos duro.

Este nuevo comentario no surge de modo casual o gratuito. Menos de una hora después de que se descubriese el fallecimiento de Alec Holowka, ya había vídeos en YouTube y hashtags aprovechando la noticia para, precisamente, lanzar arengas de odio. Principalmente hacia Zoë Quinn, en teoría por ser la más conocida de todas las voces que denunciaron este caso concreto, pero tratando de extender rápidamente la culpabilidad a todas las personas que se estaban atreviendo a sacar a la luz los nombres de tantos supuestos depredadores.

¿Las consecuencias? La cuenta de Twitter de Quinn desapareció por completo, y solo semanas después volvió a reactivarse. Otras mujeres que dieron un paso al frente tuvieron también que tomar medidas, haciendo sus cuentas privadas en lo que se conoce como <<ponerles candado>>. Quienes siguen con un perfil abierto están recibiendo numerosos mensajes acusadores y amenazantes, achacándoles la responsabilidad de un suicidio que obviamente no les corresponde. Hablamos de mujeres que acaban de pasar por el proceso de revivir y exponer públicamente hechos muy traumáticos, arriesgando su seguridad personal, sus carreras como profesionales… todo. Para varias de estas mujeres no es la primera vez que reciben este tipo de hostigamiento.

¿Recordais cuando, casi al principio del artículo, dije que todo había comenzado el viernes 23 de agosto? Era mentira. En realidad todo comenzó con el GamerGate que ya mencionamos antes. Este no es más que otro coletazo de esa abominación, que aparentemente pretendía defender la ética en la prensa especializada para pronto destaparse como una avanzadilla e incluso plataforma de reclutamiento de las ideologías más fascistas entre el público de los videojuegos, y una mera excusa para hacer daño y tratar de explusar a todas las mujeres, colectivos minoritarios y personas de pensamiento progresista de la industria. Lo que están intentando hacer, hablando claro, es aprovechar que Alec Holowka acabó con su vida para lograr que todas las personas que están reuniendo el valor para hablar también acaben con las suyas. O que algún fanático las asesine.

Uno de los más famosos defensores del GamerGate y de otras ideas de ultraderecha fue grabado cantando frente a sus compañeros, conocidos supremacistas blancos, que hacían el saludo nazi. Fuente.

Denunciar no es sencillo

No nos dejemos engañar ni por un instante por estos ataques misóginos coordinados. Hay que creer y apoyar a las mujeres que denuncien agresiones. Que una superviviente de abuso sexual denuncie a su violador es un acto de increíble valor y nace de un deseo de justicia. La responsabilidad sobre los actos de los acosadores nunca va a ser de sus víctimas. Tratar de retorcer la lógica para insinuar lo contrario denota una bajeza moral especialmente despreciable.

Bastante duro es ya tratar de denunciar. Todos hemos oído recientemente de ciertos casos, como el de Harvey Weinstein, o el de la «manada», si no queremos salir de España. Incluso con una enorme cantidad de testimonios en contra, aún así los acusados logran eludir a la justicia a base de millones. O, incluso cuando hay pruebas aplastantes del delito cometido, los violadores son condenados con la boca pequeña, y solo tras un proceso en el que se hace pasar un verdadero infierno a las víctimas, dudando de cada uno de sus mínimos gestos o comportamientos antes, durante y después de la agresión. Hay otros casos, como el de Brett Kavanaugh, que teniendo pendientes varias acusaciones por delitos sexuales fue puesto prácticamente en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Con la inmunidad vitalicia que eso supone. Y por supuesto con su apoyo incondicional a Trump. Al que, suponemos que contrariamente a las mujeres de su alrededor, considera inviolable.

Varios canales de YouTube siguen tratando de echarle la culpa de los sucesos a Zoë Quinn.

Hora de tomar partido al lado de las víctimas

Voy a tratar de cerrar este artículo con una nota personal antes de que el texto pueda conmigo, pues fue muy duro documentarse sobre tantas historias horribles para escribirlo. Aunque trato de informarme todo lo posible y tengo mis opiniones, trato de no hablar en público sobre feminismo. Doy por supuesto que no me corresponde del todo, que es mejor que el foco esté sobre las mujeres, que experimentan y pueden narrar mejor lo que es crecer y vivir día a día en una sociedad que muchas veces va en su contra. ¿Quién soy yo para opinar? Solo otro señor barbudo de cerca de cuarenta años. Ya ves.

Pero hace no tanto tiempo leí un artículo que analizaba las repercusiones del GamerGate y como se abordó entre la prensa española. Sinceramente, el resultado general era muy pobre. Por lo visto, muy pocos medios especializados hablaron en su día de lo que estaba sucediendo, y los que lo hicieron fue mayoritariamente tras la aparición de la noticia en diarios más generalistas. Ya no voy a entrar demasiado en los casos de acoso público a mujeres que tenemos visto en nuestro propio ámbito, el del periodismo español de videojuegos. Pero da vergüenza ver como grandes periodistas, compañeras con un nivel excelente (como Marina Amores, Marta Trivi, Eva Cid o Paula García, por citar solo algunas) reciben cíclicamente ataques, siempre de los mismos sectores. Y muchas veces, callamos.

Entiendo que a veces es complicado. No somos quien de juzgar: esa es, evidentemente, la tarea de la justicia. Como medio tenemos la obligación de añadir las palabras «presunto» y «supuesto» antes de «violador» o «agresor», aunque personalmente no dudo de la palabra de las víctimas. Tampoco podemos hablar en nombre de ellas.

Pero si tenemos una responsabilidad y no podemos dejar que el error de no tomar partido se repita. Debemos informar. Debemos exponer y denunciar estos hechos para que no se olviden. Debemos hablar y opinar. Tomar posición del lado de las víctimas, porque quedarse en silencio también es una forma de permitir que nada cambie, de que jamás cese ese odio.

 

Si tienes pensamentos suicidas o autolesivos, busca ayuda. En España, puedes contactar con el Teléfono de la esperanza. Si sufres abusos o malos tratos, denuncia. Llama al 016 (Violencia de Género), al 062 (Guardia Civil) o al 112 (Emergencias).

Comentarios no permitidos
  1. Avatar
    • Victor
    • En: 24 de septiembre de 2019

    Excelente artículo.
    Difícil encontrar algo similar en la prensa “especializada” en videojuegos.
    Perfectamente redactado, y perfectamente comprensible sin ahondar en morbo o detalles escabrosos.
    Yo no tenía ni idea de estos desgraciados casos que señalas en el artículo. Como en otros ámbitos o grupos humanos, la industria del videojuego tampoco se libra de estas reprobables conductas.
    Entre todos debemos de luchar contra esta gentuza que acosa sexualmente a otras personas, principalmente mujeres. ¡Tolerancia cero!

    Un “conservador”.

    Saludos desde Pontevedra.