"> Star Wars Jedi: Fallen Order :: A forza está con Respawn – Revista Morcego
Análisis Star Wars Jedi: Fallen Order :: A forza está con Respawn

Star Wars Jedi: Fallen Order :: A forza está con Respawn

Dos cosas deben quedar claras antes de cualquier profundización o desvarío sobre Star Wars Jedi: Fallen Order. Primero, su apuesta por seguir un camino señalado por otros títulos, sin riesgos, sin innovación real pero con el colchón que eso ofrece; segundo, la enorme diversión imprescindible para cualquier amante de las aventuras de acción en tercera persona. La obra creada por Respawn Entertainment y editada por Electronic Arts carece de una personalidad real más allá de la que otorga un paraguas tan impermeable como es llevar en el nombre Star Wars, pero que ofrece brillantez en los campos que trabaja: la acción y la exploración. Es divertido, posee una progresión que se siente notable y deja la puerta abierta a entregas futuras que tomen su relevo.

Hay que entender otro aspecto a la hora de jugar Fallen Order. Se trata de un juego que llega casi por sorpresa. Sí, su existencia era más que sabida, pero todo lo que realmente plantea una vez comenzamos la aventura era un absoluto misterio porque muy poco se parece —o poco se podía intuir— a lo mostrado en los adelantos. Las impresiones fueron frías, elevando la bandera de la esperanza e implorando la simple idea de que ojalá EA no hiciese algo similar a lo ocurrido con Star Wars: Battlefront. Hasta su anuncio, en el E3 del año 2018, fue una especie de absurdo, informando de su existencia con solo un nombre desde el público, sin imágenes, logotipo, nada; y la ridícula sentencia de Vince Zampella afirmando que habría sables láser. Peligro, pensamos algunos.

Por esa tendencia hacia el fracaso, por ese mal pensar conjunto, el último videojuego de la franquicia ideada por George Lucas puede lucir incluso mejor de lo que es. Porque había muchísimas ganas de poder empuñar una arma de estas características, porque ser un Jedi es un producto onírico, porque luchar contra el Imperio es una necesidad de la cultura pop.

Copia los deberes, pero que no se note…

Describir Fallen Order es más sencillo a través de la comparación. Suena poco teórico, pero sí muy práctico. Principalmente porque esta obra recoge el hilo que otros referentes han ido soltando esta última década, los mezcla con un par de hielos y una rodaja de limón, y te sirve un gin-tonic que saboreas sin pensártelo demasiado. Todo lo que sale en pantalla va funcionando, mientras el juego prueba diversas fórmulas —algunas con mayor o menor fortuna— para repetir algunas o esquivar otras.

Lo dicho, dos mundos, dos títulos. Es imposible no recordar la franquicia Uncharted o a Tomb Raider en los momentos de plataformas, esos donde trepamos por acantilados o edificios metálicos, o caemos por pendientes que funcionan como un tobogán de final incierto. A eso se le añade una buena dosis de exploración, propia también de obras pasadas; pero se le limita la linealidad, apostando por grandes escenarios interconectados a lo Metroid. Sí, o Dark Souls. La larga sombra de Miyazaki sigue tan presente en la industria que uno se pregunta si su química no está ya atrofiada, pero es tan efectiva que simula difícil entender un juego de acción en tercera persona sin su esquema en el 2019.

Este hecho gustará a algunos, repelerá a otros. Aquí entramos en el terreno personal. El que escribe ha gozado con Dark Souls, Bloodborne, The Surge o Sekiro, por lo que el cuadrilátero al que se sube el protagonista de Fallen Order es un territorio conocido, en el que se siente cómodo. No es un juego tan exigente, aunque sí requiere de cierta habilidad por parte del jugador, lo que hace de los combates contra cualquier enemigo un duelo real. Nunca hay que subestimar las criaturas o los soldados imperiales que encontramos, pues la muerte está más cercana de lo que pueda parecer, sobre todo si nos vemos rodeados.

Cal Kestis y BD-1 formarán una pareja agradáble y carismática en la lucha por sus objetivos.

Por suerte, y debido a la gran cantidad de momentos con saltos o carreras por las paredes —Respawn sigue afiliada a esta mecánica—, si caemos por un precipicio la partida no terminará, ni volveremos a la hoguera… perdón, al símbolo de meditación que, sí, funciona como te imaginas. Sirven de puntos de guardado, de resurrección, permiten gastar los puntos de experiencia y, en caso de pulsar un botón, cargan las barras de vida, fuerza y hacen reaparecer a todos los enemigos. El cuento es el de siempre, pero para qué engañar a nadie, presionar el botón de la espada láser y oír su zumbido hace olvidar esa ceja levantada provocada por la imitación total.

La apuesta por los parrys como hizo Sekiro en su día es la de mayor relevancia en el combate. Ahora bien, en el juego del Japón fantástico esta mecánica está pulida hasta límites insospechados, mientras que aquí se percibe más aleatoria, más complicada de dominar. Después de dieciocho horas, uno aún duda de sí ha conectado correctamente el bloqueo, las animaciones de los enemigos no ayudan en exceso al uso efectivo y total de esta mecánica, lo que muchas veces provoca que sea más efectivo permanecer en guardia todo el combo, sin miedo a que el enemigo nos rompa la barra de postura. Cal Kestis, el protagonista, posee más aguante del que parece.

Más allá de este tirón de orejas, devolver los disparos sí es sencillo y satisfactorio, igual que lo es combatir contra los enemigos que van asomando por los pasillos y los parajes de los planetas que pisamos. Los duelos cuerpo a cuerpo contra algunos soldados de élite, los inquisidores, son una auténtica gozada para cualquier seguidor de la franquicia. Un momento genial en el que está permitido sentirse un Jedi con todas las letras. Una sensación que se repite durante los enfrentamientos con los jefes finales, bastante interesantes todos, a excepción de los secundarios, que funcionan de manera similar entre ellos. Combatiremos enormes criaturas, hábiles duelistas láser o letales robots sin piedad alguna.

Explorar como sinónimo de nuevo vestuario

Electronic Arts ha aprendido la lección, o quizás Respawn haya querido no aplicarla. No hay micropago alguno dentro de Fallen Order. No tendría sentido ninguno, pero a estas alturas de la película la industria sigue sorprendiendo incluso en este tipo de propuestas de acción individual como ocurrió con Shadows of War. Nada de eso hay aquí, y es que uno podría pensar o intuir su existencia cuando contempla la personalización que el título permite del protagonista, del genial robot BD-1 o de la nave en la que viajamos. No. Aquí todos los cosméticos son desbloqueados a la vieja usanza, mediante la exploración pura y dura del territorio.

¿Qué podemos cambiar? Cal puede lucir diferentes tipos de ponchos y algunos tipos de trajes. Además, también puede personalizar su sable láser, con diferentes colores, emisores, empuñadoras… Lo cierto es que hay bastante opciones. En el caso de BD-1, la personalización se limita al color, igual que la nave Mantis.

Todos los contenedores que hay en la aventura ofrecerán algún tipo de contenido estético de entre los citados. Es decir, siempre que abramos un cofre habrá una recompensa similar. Es un buen método de premiar una exploración que amplía la duración general del título, y que realmente sí se siente bien. Por otro lado, también permitirá el acceso a informaciones adicionales a través de los ecos, una especie de recuerdos que podemos interpretar y que amplían el universo Star Wars. Porque sí, esta historia es canon, y no son pocos los referentes a la franquicia cinematográfica. Luego convendrá profundizar en este asunto.

Se evitará decir el número exacto de mundos que se pueden visitar, por eso de destripes innecesarios, pero todos se viven de una manera realmente bella, con naturalezas bien definidas y distintas. La creación de los escenarios de Fallen Orden es uno de los fetiches de esta obra. Son grandes, urge recorrerlos y sorprende la lograda interconexión que Respawn ha conseguido realizar. La sensación de revelar un atajo es casi tan placentera como el salir airoso de un examen de fin de carrera. Los mapas son extensos, mucho, pero la manera de recorrerlos, en más de una ocasión incluso, se aleja del aburrimiento o la aliteración. Es divertido volver a ellos y percibir algunos cambios.

No solo hay soldados imperiales a los que derrotar, los mundos poseen sus propios peligros.

En la práctica, a medida que uno desbloquea habilidades abre nuevos camino. Estas nuevas mecánicas son mejoras para BD-1 o nuevas formas de usar la fuerza para Cal. Sea como fuere, la evolución y la progresión dentro del juego se percibe muy efectiva, realmente sí se ve una evolución en el combate y en las posibilidades que ofrecen los planetas a la hora de ser visitados de nuevo.

En ese sentido, la experiencia obtenida durante las luchas y la exploración se puede utilizar para adquirir nuevos movimientos con el sable láser o aumentar las estadísticas del protagonista. Se trata de un árbol de habilidades muy similar al utilizado por Miyazaki en Sekiro, aquí un poco simplificado, pero más que similar. ¿Puedes farmear experiencia y conseguir antes estos movimientos? Puedes, pero la curva de aprendizaje de Fallen Order está bien medida y en ningún momento se antoja necesario realizar tal acción. En mi caso personal, he acabado el juego tras casi veinte horas y sin haber recurrido a esta posibilidad nunca, tan solo dejando una habilidad sin desbloquear —o, más que una habilidad, la mejora de cierta mecánica que no consideré necesaria en mi estilo de combate—.

Por tierra, mar o aire, Cal vivirá diferentes experiencias que irán ocurriendo de una manera bastante natural, sin forzar demasiado la máquina. Con todo, esto es un Star Wars, casi todo está justificado en base a la Fuerza y su poder. Los puzles presentes requerirán su uso. No son estos excesivamente complicados, pero aportan cierta calma al desarrollo de la aventura. Se van simplificando bastante en la recta final, mucho más centrada en la acción, quedando relegada su aparición a la exploración de ciertas tumbas o momentos concretos.

Quizás el mejor amigo en la exploración sea nuestro querido BD-1. más bien su mapa. Pulsando un botón el jugador puede obtener toda la información relevante de las zonas donde ha estado: puertas bloqueadas, ascensores, caminos por descubrir… Es más, una vez obtengamos una nueva habilidad podremos consultar qué rutas están ahora abiertos. Se agradece, mucho, pues permite ir a tiro fijo a las áreas en las que podíamos dudar sobre si esa era la mecánica novedosa que necesitábamos para sortear un obstáculo determinado. Secretos, cofres y viales de vida. Son los tres elementos que iremos hallando en esas rutas alternativas más propias de un arqueólogo que de un Jedi.

El camino del héroe galáctico

La historia de Fallen Order sirve de excusa más que de motivo. Las mecánicas ya anunciadas son la verdadera esencia del título, aunque tampoco hay que ser demasiados duros con su narración, sobre todo porque aprovecha de buen modo la licencia Star Wars, aunque plantea varios cuestiones que habría que tener en cuenta. No habrá destripes en estas líneas, así que lee con tranquilidad.

Cal Kestis es el protagonista indiscutible de una aventura, al que pone cara Cameron Monaghan (Gotham), que reclama contextualizar a gritos. Es una historia que forma parte de manera oficial del universo de George Lucas, por lo que conocer la historia previa y posterior a los hechos aquí narrados es casi obligatorio. ¿Qué hechos? La aniquilación de la Orden Jedi tras la ejecución de la Orden 66. Cal era un padawan en aquel momento, un aprendiz que sobrevive al desastre y se convierte en chatarrero para evitar ser encontrado por el Imperio. Todo esto está genial y puede ser un buen inicio, pero carente de emoción si uno no conoce la historia como tal.

Cal no estará solo en esta aventura, e irá conociendo a sus aliados y sus historias poco a poco.

De igual manera, las referencias a personajes de la franquicia, no pocas bromas y comentarios, son una constante. También los planetas que son visitados pueden ser reconocidos por aquel que sepa del universo, o relacionarlos con personajes clave de la saga como es el caso de Dathomir. ¿Es necesario por tanto ver las películas y el resto de materiales para jugar Fallen Order? Para jugar no, pero sí para realmente disfrutar y contextualizar los guiños que recrea, algunos muy logrados.

Las cinemáticas cumplen su papel informador y narrativo, ampliado a través de esas lecturas in-game optativas que arrojan datos bastante interesantes sobre el mundo en el que se encuentra Cal. Con todo, no es este Jedi el tipo más carismático de la galaxia, ni su historia acaba de ser la más memorable. Las pasiones que mueven a este humano son legítimas, pero quizás demasiado brillantes. En pocas palabras, todo se ve venir en el horizonte, por lo que las sorpresas serán las justas, la mayoría reservadas para el tramo final del juego. Bastante espectacular, por cierto, y con la presencia estelar de algún invitado de lujo. Hasta aquí se puede leer.

Saber aprovechar la marca

Si algo sabe hacer el título de Respawn es aprovechar lo que es: un juego de Star Wars. Es decir, tiene acceso a todos los sonidos legendarios de la franquicia, de igual modo que puede lucir criaturas, especies y planetas ya por todos conocidos. Esto es un puntazo. El sonido de los blasters, de las naves… Es pura fantasía para cualquiera que goce con las películas u otros materiales. Así, la banda sonora está a un nivel altísimo, bebiendo de las melodías clásicas y utilizándolas en su beneficio.

¿Y a nivel visual? Otra cucharada de ese servicio. Los androides, los transportes, la ambientación, los símbolos… Todo está ahí para recordar al jugador que conoce está galaxia aunque esté muy, muy lejana. Quizás sea triste tener que señalarlo como un factor positivo, pero Fallen Order ha sido una experiencia donde los bugs y los glitches han brillado por su ausencia. Hablo por mí. En ningún momento he visto algo realmente fuera de lugar, todo lo contrario, me he visto asombrado en más de una ocasión con el excelente apartado gráfico —jugado en Alto, en PC—, que cumple más que de sobra con lo que le puede pedir a un título de esta clase. Un viaje casi perfecto por algunos planetas emblemáticos de la franquicia.

Todos estos elementos propios esconden de manera soberbia los defectos que pueda portar el título. Su nula innovación, su narrativa de poca relevancia —dentro y fuera de la misma franquicia— pero que permite soñar con la idea de crear una obra que de verdad apueste por interferir en los hechos galácticos más allá de las películas. Rogue One, por ejemplo, es el ejemplo perfecto de pequeña historia independiente, pero de gran importancia e impacto para dentro del universo. ¿Por qué no un futuro juego así? ¿Por qué no introducir personajes que luego tendrán trascendencia en producciones más ambiciosas? Al fin y al cabo, los actores reales que interpretan a estos personajes ya los tienes.

En definitiva, la última obra publicada por Electronic Arts devuelve la esperanza a la hora de que esta empresa apueste por productos triple A de aventura unipersonal, más allá de su evidente interés en los juegos servicio. Hay medios y estudios dispuestos a hacerlo, como Respawn demuestra, con resultados más que excelentes después de bailar con un género tan diferente como el trabajado en Apex Legends o Titanfall.

Ser un Jedi esta generación de consolas vuelve a ser posible. Ser un defensor de la Fuerza, un caballero sin armadura que se refugia en la bondad de saber apagar la espada láser como primera opción. Fallen Order es el mejor juego de Star Wars de esta década, poca duda.

8.5

Lo mejor

  • El perfecto aprovechamiento de la marca Star Wars, lo que permite el uso de un sonido y una ambientación geniales
  • La sensación de avance que permite el juego a través de movimientos y nuevas mecánicas
  • Un diseño de niveles cuidado, que anima y fomenta la exploración
  • El combate es efectivo y divertido, exigente en algunos momentos

Lo peor

  • La trama no llega a tener el impacto deseado
  • La IA de algunos enemigos podría ser mejorable
  • Algunos momentos que buscan salirse de la norma no están a la altura del resto del conjunto
Carlos Pereiro
Carlos Pereiro

Creador de Morcego. Escribo cousas, falo de cousas e encántame escoitar cousas.

Comentarios no permitidos
  1. […] uns s días, Morcego analizou Fallen Order, título que na súa maioría está a recibir críticas máis que positivas, que fan fincapé na […]