Reportajes Ulises en un mar de píxel: lugares comunes de los mitos griegos en el videojuego (2/2)

Ulises en un mar de píxel: lugares comunes de los mitos griegos en el videojuego (2/2)

En el anterior artículo de esta serie, repasamos cómo la mitología griega, con sus herencias y arquetipos narrativos, había contribuido a conformar otros arquetipos nuevos en el videojuego. Por ejemplo, con el mito de Sísifo como influencia para la mecánica de muerte-resurrección, tan pródiga en el medio (Dark Souls, The Legend of Zelda: Majora’s Mask…). Pero no es el único caso.

Ulises y el viaje interminable

No nos alejamos mucho de Link ni de The Legend of Zelda, pues si por algo es famosa esta saga es por representar las ansias de aventuras, exploraciones y búsquedas de los jugadores de todo el mundo. Por hacer soñar a sus fans con epopeyas y travesías fantásticas que poco o nada le tienen que envidiar al viaje por excelencia de la historia de la literatura: la Odisea. El fundacional relato de Homero ha sido otro de los hitos más influyentes para el mundo del videojuego. 

Desde sus inicios, personajes tan icónicos como Mario y Link han sido avatares modernos de Ulises. Siempre viajando, siempre en la procura de un bien o una meta, y siempre fracasando en sus intentos por culpa de los elementos más insospechados. Encarnando también, de paso, la figura del héroe ideal, del héroe benévolo que debemos aspirar a ser. Ya lo resume la legendaria frase de “Thank you Mario, but the princess is in another castle”. Lo sentimos, Mario, pero todavía queda aventura; o lo que es lo mismo: esta isla no es Ítaca, aún.

Ambos personajes sirvieron de inspiración para la construcción de innumerables mundos y juegos posteriores, e incluso de géneros enteros, como el rol y todas sus vertientes. Un tipo de narración que se guía siempre por el mismo patrón: explora, llega a algún sitio, supera los retos que te esperen, y continúa explorando y descubriendo mundo después. Hay una miríada de ejemplos, empezando por el propio Link, que hasta en dos títulos, Wind Waker (2003) y Phantom Hourglass (2007), desplegó las velas de su navío personal en busca de aventuras, confirmando su estatus de nuevo Odiseo.

Link resiste el embate del mar mientras se aventura hacia su propia Ítaca

Aunque, en la práctica, casi cualquier RPG o juego de mundo abierto que queramos analizar evidenciará una estructura similar a la del mito homérico. Ya sabéis: los viajes, la exploración, el combate contra monstruos, la fraternidad con los compañeros, las maravillas y tesoros por hallar… Por preferencia personal citaría el maravilloso Dragon Quest 8: El periplo del Rey Maldito (Level-5, 2004), con un título que ya nos remite a la idea del viaje. 

Sin embargo, uno de los ejemplos más notorios que existen es Final Fantasy X (Squaresoft, 2001), entrega mítica donde las haya de la saga nipona, cuya trama narra las peripecias de un joven llamado Tidus que lo único que desea es volver a su hogar, la ciudad de Zanarkand, después de un evento catastrófico (¿a quién nos recordará…?). Juego que, a su vez, estructura su mundo en base a un ciclo de vida y muerte eterno, dando luz a un relato modélico para las dos categorías que hemos visto hasta ahora.

De héroes trágicos y diosas

Las historias de Ulises y Sísifo han sido las más explotadas, pero no las únicas. El inabarcable Shadow of the Colossus (Team ICO, 2005), por ejemplo, supone una ácida revisión del ya de por sí triste mito de Orfeo y Eurídice. Con un toque, eso sí, de los doce trabajos de Heracles -o Hércules, para los amigos romanos-. El mito nos cuenta cómo Orfeo desciende a los infiernos para salvar la vida de su amada Eurídice, recientemente fallecida. Hades, soberano del más allá, accede a dejarla marchar con una condición: no pueden mirarse durante todo el trayecto de regreso. Juntos emprenden la travesía de vuelta cogidos de la mano, superando otra vez los enormes peligros del Inframundo, para fallar justo cuando ya alcanzaban a ver los rayos del sol. 

En el juego, un joven llamado Wander transporta el cadáver de su amada fallecida, Mono, a las tierras prohibidas. Allí vive Dormin, una entidad diabólica-divina que promete devolvérsela de las garras de la muerte a cambio de un favor: que mate a los dieciséis colosos que pueblan la región. Con un cambio, pues después de todo lo que ocurre es ella la que sobrevive finalmente, y no él. Bueno, más o menos. 

Aloy se configura como una de las mayores heroínas del videojuego

Una última referencia: Horizon Zero Dawn (Guerrilla Games, 2017). Protagonizada por una intrépida joven llamada Aloy, esta gran obra de ciencia ficción nos introduce en un futuro post-apocalíptico en que los seres humanos conviven con máquinas animaloides mucho más aventajadas tecnológicamente y mucho más poderosas. Aloy, como tantos otros, se dedica a dar caza a los robots para conseguir recursos. Poco a poco, gracias a sus increíbles capacidades, se convierte en una gran cazadora, y su arco se convierte en símbolo de muerte y terror para las máquinas. 

Como símbolo de muerte y terror fue, en otro tiempo, el arco de Artemisa -o Diana, para los romanos, y como más ha trascendido en la cultura popular, con su versión como Wonder Woman-, diosa griega de la caza, los animales y la naturaleza. Aloy se identifica con Artemisa en cuanto a que ambas son personajes femeninos muy alejados del estereotipo más clásico, y usan su fuerza y sus habilidades, sospechosamente similares, para valerse por ellas mismas, sin necesidad de un eje masculino o de, siquiera, una fuerza superior, que las gobierne.

No obstante, cuando la trama avanza y comenzamos a vislumbrar los entresijos y porqués de este mundo, sabemos que Aloy no es la única gran mujer detrás de esta historia. La otra es Elisabet Sobeck, personaje clave en la formación de este cosmos y esta sociedad tan concreta; un trasunto de Atenea que, con sabiduría y sacrificio, dotó a la humanidad de los recursos necesarios para su salvación. Así, el juego articula a través de esta comparación constante -Aloy y Elisabet vs Artemisa y Atenea- los atributos de las dos mujeres que, gracias a sus facultades, enmendaron el mundo que el hombre destrozó. Y que demostraron que, colaborando, mitología y videojuegos pueden construir grandes personajes e interesantes y complejas historias que disfrutar.

Jorge Riveiro

Xornalista en proceso. Penso, logo escribo. Spoiler: a maioría de veces sáeme mal.