Reportajes Videoxogos e prezos :: Os aforros dunha vida

Videoxogos e prezos :: Os aforros dunha vida

¿Serán caras las consolas de nueva generación? No es una pregunta trampa y, la verdad, creo que solo cabe una respuesta: sí. Si tenemos en cuenta que el salario mínimo interprofesional fue fijado por el estado español en 950 euros mensuales —14 pagas anuales— y que los dos modelos más caros de Sony y Microsoft van a costar 499 euros, el debate es irrelevante. La mitad de un sueldo mínimo es una cifra relevante.

Por supuesto, se puede discutir. Mucha gente gana más que eso —y también mucha gana menos, o nada—, pero no irán estas líneas por esos derroteros. A fin de cuentas, en una sociedad capitalista donde el consumo es inevitable y descarado, la libertad de dónde gastar cada uno su dinero es una de las decisiones más legítimas e individuales que el ciudadano posee. Por eso, poco importa si es cara o no la nueva generación en el sentido estricto de la cuestión, pues cada uno decidirá qué objetos adquiere para su día a día y cuáles le reportan felicidad, diversión o cualquier otro sentimiento.

A través de una encuesta publicada en el Twitter de Morcego, la percepción general coincide con la afirmación ofrecida al inicio. Es cierto que también se pueden leer diversas consideraciones que en un debate real se podrían comentar y aludir: coste de producción, comparación con otros productos del mercado tecnológico, contexto social y económico actual… En general, el asunto debería girar alrededor de lo que llamaríamos precio para su accesibilidad. Es decir, el número de personas que podrían acceder a este producto sin hacer peligrar su economía familiar o personal.

En la práctica, el consumo de videojuegos podría entenderse como una forma de ocio bastante exigente para el bolsillo. En el caso de una PlayStation 5, por ejemplo, se antojan necesarios varios elementos: un televisor, la consola, el cableado, conexión a Internet —inconcebible una máquina hoy sin modalidad en línea— y videojuegos. Por motivos evidentes, no hablamos de la existencia de una vivienda como tal, con su luz y sus tomas de corriente, en la ecuación que estamos proponiendo ya la damos por hecho. Lo que está claro es que no es un gasto único más allá del de la consola y el televisor, hay otros desembolsos que se irán repitiendo con el paso del tiempo y a lo largo de los años.

En el caso de los títulos, el desembolso más llamativo y concreto, Sony ha dicho que sus juegos exclusivos, creados por sus estudios internos, costarán 80 euros. Está por ver qué precios barajarán las editoras y las compañías ajenas a la marca, pero lo natural, y amparados por la propia PlayStation, sería igualar estos precios. ¿Por qué no? ¿Acaso no lo valen nuestros juegos? ¿Son peores? El precio, como elemento estético y de valoración, influye en las decisiones y en la percepción del comprador. Nada nuevo.

Sea como fuere, comprar una obra de lanzamiento es todo un ejercicio de tensión para la cartera. ¿Una vez al mes? ¿A la semana? ¿Dos veces al año? Está claro que aquí hay infinidad de posibilidades según el perfil del usuario. Algunos solo compran el FIFA, casi como un ritual religioso cada año. Otros multiplican esta cifra por diez. Cada jugador, un mundo.

Un recorrido por nuestras inversiones

El mercado tecnológico siempre ha sido un lugar de corbata y apariencia. Comprar una televisión para el salón fue durante muchos años, todavía hoy, uno de esos momentos de júbilo, sobre todo si era ese modelo grande, familiar, que luciría como una especie de monumento dentro del hogar, al servicio y contemplación de todos los huéspedes e invitados.

Comprar una consola quizás no fuese tan elevado, pero sí resultó ser algo realmente inaudito para muchos. Había dos problemas: su precio, elevado; y su justificación, es una maquinita con la que jugar videojuegos. Aunque quedan resquicios y prejuicios, es difícil tener que explicar a unos tutores qué hace una videoconsola. La del videojuego se ha convertido en la industria cultural que más beneficios genera en el mundo, poniendo una consola en casi cualquier hogar de lo que durante años se llamó primer mundo. Ahora, aunque un producto relacionado con los videojuegos sea caro, su compra parece más normalizada. Se ha estandarizado.

¿Era, objetivamente, más caro entrar en el mundo de los videojuegos antes? Lo cierto es que hubo máquinas mucho más caras que las actuales, que supusieron auténticos desembolsos de dinero. A continuación, tienes un gráfico y una tabla que recoge los precios de las diferentes consolas de sobremesa que han ido llegando a nuestras vidas —las más conocidas— a lo largo de las tres últimas décadas. Se muestra una aproximación, teniendo en cuenta la inflación, del precio que hoy tendrían si llegasen a las tiendas (puedes clicar para ampliar):

Así es. Las nuevas consolas pueden ser consideradas caras, pero desde luego no son las máquinas más caras por las que hemos pagado. Sin duda, comprar una consola de lanzamiento llegó a ser todo un hito monetario. PlayStation 3, por ejemplo, aún es recordada hoy por su alto precio en comparación con la consola de la competencia, Xbox 360. Por otro lado, la Sega Saturn se presenta como el sistema más caro de todos los seleccionados para la muestra: ¡casi 800 euros!

Sí, los títulos de cada plataforma también han experimentado su propia evolución. Los de la ya mentada máquina de SEGA, por ejemplo, llegaron a costar casi 150 euros, aunque en Dreamcast valdrían unos 70 euros de hoy. Singular es el caso de PlayStation y Xbox, que empezaron muy fuerte pero han mantenido sus precios durante varias generaciones a nivel numérico. El que aquí escribe recuerda a la perfección comprar el GTA: San Andreas por 64 euros en una tienda pontevedresa. Era octubre del 2004.

Inversión y coleccionismo

La llegada de las tiendas digitales también suscita una pregunta: ¿compensa comprar un juego por el mismo precio en físico que en digital? Lo cierto es que las compañías tienen claro su preferencia por lo inmaterial. Los costes de producción se reducen, al igual que los de logística. De momento, sea Xbox, sea PlayStation, han mantenido las dos opciones como posibles, pero el ‘castigo’ por querer una PlayStation 5 con lector es de 100 euros. No es baladí.

La inversión en un producto tecnológico no suele ser una compra que aguante demasiado bien el paso del tiempo. Hay excepciones, claro. Por lo general, toda tecnología se devalúa y deja paso a nuevas herramientas, mejores sistemas. Así, las consolas suelen ver menguados sus precios con los años, sobreviviendo como inversión solamente los modelos más clásicos y sus videojuegos, debido a la escasez de estos en según que tierras. En pocas palabras: es raro que una consola popular pueda venderse hoy por más dinero del que costó en su día.

Con todo, invertir en videojuegos es otra forma de invertir el dinero. Una forma de coleccionismo válida que mucha gente practica. ¿Pero y los títulos digitales? Ahí sí surge un problema del que es más difícil sacar rendimiento. Es más, nadie está libre, el día de mañana, de perder toda esa biblioteca que posee en el caso de que una gran compañía cierre y decida poner sin a su servicio. El debate sobre el conservacionismo es otro, pero es muy interesante. Más allá de toda duda, se podría relacionar con el monetario.

Michael Thomasson, mayor coleccionista de videojuegos del mundo según el Libro Guinnes de los Records.

Carlos Pereiro

Creador de Morcego. Escribo cousas, falo de cousas e encántame escoitar cousas.